
We did´t, me equivoqué fue, ese era otro: “lo tenemos”. Así se anunció la captura del hombre más buscado de Chile y no me refiero al ex guardia de seguridad que se ganó el loto el año pasado. Me refiero a Zacarach, también conocido como Rafael Maurerira Trujillo.
El perla llevaba tres meses fugado de la justicia, y que mejor se fue a Brasil a capear la ola de frió polar, que nos tiene congelados y rogando al Díos Maradonna, que no nos corten el gas. Según investigaciones el pedófilo se fugó por un paso no habilitado por Bolivia y luego cruzó al país de las playas blancas, en cual casualmente no tiene ni un tratado de extradición con nuestra nación.
Quiero contar una historia, que quizás impacte, pero hay que reconocer que la pedofilia es un crimen bastante nuevo. Si Maureira hubiese cometido estos crímenes hace 100 años, lo más probable que lo hubiesen acusado de inmoral por meterse con jóvenes, más bien de amancebar jóvenes, tal cual cómo fue acusado Platón. De hecho nuestra nación parte con un acto pedófilo. Doña Isabel Riquelme, la madre de nuestro libertador, tenía la tierna edad de 13 años cuando dio a luz a Bernando, mientras que el padre de este tenía alrededor de 50 años. Y nadie se quejó de pedofilia en esa época, ni siquiera lo reconoció como hijo en vida.
Los tiempos han cambiado y los crímenes también, el film de Kubrick, Lolita no fue tan escandaloso como se cree, de hecho era muy creíble que un cuarentón se enamore de una púber. Y como no, no me encuentro un pedófilo, pero por el amor de díos han visto a las tiernas niñas de 14, 15 o 16 años hoy en día, podemos echarle la culpa a las hormonas que vienen en el pollo, pero de que ya no podemos distinguir entre una “legal” o una “Barely legal” es un hecho.




